07 diciembre 2009

Fiesta de la Inmaculada (2)

Para Dios no hay nada imposible. Lo sabía. Lo venía escuchado desde niña en la sinagoga cuando se proclamaba cómo había liberado a nuestro Pueblo con mano fuerte y brazo extendido del dominio del Faraón o cuando entonábamos cantos de alabanza por salvar de muerte segura al Pueblo perseguido por los carros egipcios.

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Lo sabía, pero ahora fue el corazón quien comprendió y entendí que la Palabra dada por Dios es Promesa que El cumplirá. Y mi recuerdo llega ahora hasta nuestro padre Abraham quien, estremecido, confió, ante un cielo inmenso, que su descendencia sería tan incontable como las estrellas. Dios cumple su Promesa.

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Es cierto, la Palabra dada por Dios es Promesa que El cumplirá. No temas si en algún momento El te hace desear lo que te parece inconcebible e imposible. No temas si El dilata el horizonte de tu vida hasta un punto que no podías imaginar.
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Yo guardo todo esto y lo medito en mi corazón. Para Dios todo es posible porque su poder es la fuerza del Amor que concibe lo imposible: “Dichosa tú porque has creído que se cumplirá lo que te ha dicho el Señor”, me dijo mi prima Isabel.

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Y he aprendido a confiar en su Palabra de un modo instintivo y eso me hace comprender mejor a los que dudan por miedo o por desconcierto ante las Promesas que El hace. Ahora entiendo la reacción de Sara, cuando se le anunció que concebiría un hijo en su vejez.

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El miedo de Sara es nuestro propio miedo cuando Dios nos hace desear lo inconcebible.

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Es el miedo el que hace que nos miremos a nosotros mismos, midiendo nuestras propias fuerzas y agobiándonos por nuestras carencias, olvidándonos de mirar a Dios, manantial inagotable de todo don. Por eso me abandono en sus manos dejando de poner como excusa mi propia debilidad.

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Fue lo que tuvo que aprender Moisés cuando la Palabra de Dios le llevó hasta el Faraón. Su deseo de salvación es más fuerte que todos nuestros miedos y los va disipando con su Presencia, como bruma que desaparece ante la luz de la mañana: “Yo estoy contigo”, le dijo a Moisés.

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