26 octubre 2009

El cristianismo es una Presencia

¿Qué pasaría si un buen día llegáramos a comprender que el cristianismo no es una ética, ni una norma, ni un rito, ni un sistema ni de creencias ni de valores? ¿Qué pasaría si llegáramos a comprender que el cristianismo es una Presencia?

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Y no es que algo así sea una ocurrencia de última hora, sino que está siendo una constante repetida en el magisterio de Benedicto XVI. Ejemplo de ello es el inicio de su primera Carta Encíclica: “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva” (Carta Encíclica, Deus caritas est, nº1)

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Si seguimos rastreando en su magisterio nos encontraremos que en una Audiencia General tenida en diciembre de 2008 afirma: “La fe no es producto de nuestro pensamiento, de nuestra reflexión, es algo nuevo que no podemos inventar, sino sólo recibir como un don, como una novedad producida por Dios. Y la fe no viene de la lectura, sino de la escucha. No es una cosa solamente interior, sino una relación con Alguien. Supone un encuentro con el anuncio, supone la existencia del otro que anuncia y crea comunión”

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En una de las catequesis realizadas durante el Año Paulino y comentando lo sucedido en el camino a Damasco afirma, “San Pablo no fue transformado por un pensamiento sino por un acontecimiento, por la presencia irresistible del Resucitado, de la cual ya nunca podrá dudar, pues la evidencia de ese acontecimiento, de ese encuentro, fue muy fuerte. Tampoco para nosotros el cristianismo es una filosofía nueva o una nueva moral. Sólo somos cristianos si nos encontramos con Cristo”


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