17 agosto 2008

La voluntad de Dios (2)

No es que mi vida esté bien o mal. Sencillamente es que se queda corta. Esta es una afirmación que algunas personas reconocen como una certeza llena no de argumentos sino de evidencias. No te lo saben explicar pero es así. Y esa certeza les mueve a buscar más allá de lo establecido como lo razonable a pesar de que, en ocasiones, hagamos como los de la imagen. Seguimos avanzando en nuestra búsqueda de la voluntad de Dios.


La búsqueda de la voluntad de Dios es una manifestación, una actividad concreta, del amor que, cuando más hondo es, busca siempre amar más y mejor; del amor que busca cómo amar más verdadera y hondamente en unas determinadas circunstancias de la vida personal y/o colectiva, para ser amor concreto, y, sólo así, amor verdadero. Buscar la voluntad de Dios se sitúa, pues, en la dinámica tendente a la más plena identificación entre personas y proyectos a que aspira todo amor humano. La pasión por Dios se pide a sí misma el máximo grado de complacencia e identificación hacia el Dios amado. Es la experiencia viva del amor y la misericordia que Dios ha tenido y tiene conmigo la que dispara la búsqueda de la mayor identificación de personas y voluntades. El acento de la elección no será tanto 'adivinar' lo que Dios quiere sino amar lo que Dios ama.

La "voluntad de Dios" está clara en la Escritura: es una voluntad salvífica respecto al hombre y al mundo, expresada con claridad meridiana a lo largo de toda la historia de salvación. Es un permanente e incondicional deseo amoroso de salvación. Esa voluntad de Dios ha adquirido rasgos y perfiles bien concretos y humanos en Jesús de Nazaret, que ha expresado la voluntad del Padre de modo decisivo y privilegiado, sin lugar a dudas. El mismo Jesús, desde el comienzo de su ministerio expresa con rotundidad lo que pretende, haciendo suya la palabra de Dios pronunciada con anterioridad de siglos: "Me ha enviado a dar la buena noticia a los pobres, a proclamar la libertad a los cautivos, y la vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos, a proclamar el año favorable y del Señor" (Lucas 4,18-19)

Este es el "proyecto" de Dios, su voluntad. El cristiano que se siente infinitamente amado con misericordia por Dios, y deseoso de darle respuesta a Él y de compartir el amor recibido con los demás, lo que intenta con su búsqueda, con su discernimiento, es adherirse al máximo afectiva y efectivamente, en sus circunstancias personales e históricas, a ese proyecto, a esa voluntad salvadora de Dios; lo que trata de descubrir es la manera concreta como puede en su "aquí y ahora" identificarse con el Hijo, hacerse semejante a Él, colaborar a que vaya adelante su proyecto.

Si la voluntad de Dios es clara, si el proyecto de Jesús está bien definido, ¿por qué el amor necesita "discernir"?, ¿por qué el amor necesita buscar?, ¿qué es lo que hay que "buscar"?... José A. García sj lo expresa de un modo conciso y magistral: porque "son problemáticas las mediaciones, son imprevisibles los costos, es desconcertante la lógica"'. El amor cuando es verdadero pide concreciones, gestos, acciones: y las concreciones son siempre ambiguas, discutibles; mucho más cuando se busca "lo mejor". Es sobre esas mediaciones del amor que hay que "discernir", que hay que elegir.

El cumplimiento de la voluntad de Dios en este mundo concreto es conflictivo, choca con resistencias internas y con dificultades externas, se opone a otros intereses, conlleva costos; el creyente tiene que valorar esos costos, ponderar la relación entre acciones y costos y, si su amor le lleva a ello, asumirlos. Eso requiere un trabajo interior, racional y afectivo: ese es el "asumir" la voluntad de Dios al que nos aboca el discernimiento.

La "lógica" de Dios, su manera de hacer las cosas, no es la nuestra: la identificación con la voluntad de Dios no es sólo identificación con los grandes objetivos, con los que, en definitiva, no es muy difícil identificarse, sino con su manera de hacer las cosas, con su estilo: discernir es ir corrigiendo con persistencia nuestros desenfoques de estilo, para no descubrirnos un día de repente en otro plano que el de Dios, haciendo, de hecho, "nuestra" obra, voluntad o proyecto y no el suyo.

Resumimos este primer paso de nuestra reflexión: ¿por qué, pues, buscar, preguntamos, discernir o elegir?, ¿para qué? En resumen apretado y sencillo: yo cristiano "busco" la voluntad de Dios, me pregunto por ella, hago discernimiento, porque Él me ha conquistado, ha conquistado mi corazón para Él y para su causa, hasta el punto de que yo quiero hacerla mía, identificarme con ella en todo, ponerme todo a su servicio. Yo cristiano hago del discernimiento un rasgo de mi ser cristiano para que la identificación con Jesús y su causa sea lo más real, efectiva y generosa posible: para poner los medios más adecuados, para no dejarme entrampar ni engañar por lógicas ajenas a las del evangelio, para no echarme atrás en la dificultad.

Darío Mollá, sj

No hay comentarios :

Publicar un comentario